El Silencio es Oro

© Howard Lee — Agosto 2000

En la mayor parte de las culturas hay un proverbio o dicho que sugiere que el silencio verbal o el hablar mínimo es una virtud. En China hay un dicho que expresa: “la enfermedad entra en la boca, el problema sale por la boca“. A pesar de ser verdad estas afirmaciones se refieren a la forma en que ella se aplica en nuestras vidas diarias, dependiendo, por supuesto de las circunstancias y situaciones. Hay otra área donde el silencio es aún más importante es el silencio mental o quietud. Aquietar la charla mental dentro de nuestro cerebro es otra cosa poderosa que una persona puede hacer para expandir su salud y longevidad, además de otros beneficios. He sugerido a menudo a mis pacientes, y a quienes preguntan que pueden hacer para mejorar su salud y hacer cambios en sus vidas para aumentar su salud y creatividad, que la cosa más poderosa que podemos hacer para llenarnos de fuerza y poder es la capacidad de aquietar la incesante charla en nuestros cerebros.

Es importante realzar que el cerebro no es la mente, es parte de la mente. Así que uno puede comparar el cerebro al procesador de la computadora y que podemos apagarlo y encenderlo nuevamente cuando necesitamos usarlo. Podemos hacer lo mismo con nuestro cerebro apagando la charla interna que siempre necesita estar enredada en pensamientos nebulosos y preocupaciones, dibujando cosas que no son importantes y participando en el hábito indeseable de chismorrear que nos engancha en las cosas de los demás y no sirve para nada más que para hacernos perder nuestra energía. Así que el cerebro es como una computadora, préndelo sólo cuando lo necesitas.

Y cuando uno logra quietud, uno puede palpar la creatividad y la sabiduría intuitiva que está disponible para cada uno de nosotros. Cuando aquietemos la charla mental, veremos y sentiremos estas capacidades, estas virtudes, de muchas maneras. Cuando aquietemos nuestra charla mental tendremos más claridad en términos de lidiar con los problemas y las necesidades creativas de nuestras vidas. Mucho más que eso: el aquietar esta charla interna, nos capacita para lidiar con asuntos y trabajos de mucho mayor energía y sabiduría, haciéndonos menos vulnerables ante la influencia de personas y fuerzas que nos quieren hacer realizar cosas y participar en asuntos que afecten nuestro bienestar tanto personal como social.

Puede que a ustedes les haya gustado esta charla interna, la necesidad de estar autoabsortos como el pequeño niño juega mirando siempre el tope de la devanadora de hilo. Como sabemos, cuando la devanadora funciona, el tope es movido muy fácilmente. Simplemente tocándolo, gira saliendo de control o vuela en una tangente. Y así ocurre igualmente que con una devanadora, el cerebro se escapa. Así también es muy fácilmente desviado o influenciado.

La quietud es también muy importante para el espíritu. De hecho, puede decirse que la quietud o silencio es el alimento del espíritu. Mientras el cuerpo físico necesita alimento y cuidado, nuestro cuerpo emocional necesita ser confortado y apoyado por nuestros amigos y seres queridos, nuestro espíritu necesita de soledad y quietud. Es interesante notar por ejemplo, que la mayor parte de la gente experimenta o descubre experiencias espirituales profundas durante períodos de quietud. Ya sea que se manifiesten accidental o activamente, estos eventos pueden ocurrir durante períodos de práctica, de quietud mental, o durante la meditación o realizando plegarias. Estos eventos producen períodos breves de quietud interna.

Hay un par de cosas de las que uno tiene que estar consciente, del hecho de que hemos sido programados efectivamente, consciente o inconscientemente, para estar entrampados en esta charla mental. Los niños no caen en esto. De hecho la gente es entrenada y condicionada cuando comienzan a usar su mente racional. Sin embargo, la mayor parte del tiempo no hay un entrenamiento efectivo y así solo entendemos esto cuando maduramos o cuando nos sentimos fuera de control y vemos que es importante hacer algo al respecto. Muchas personas ni siquiera comprenden que hay una necesidad de hacerlo porque en la sociedad de hoy hay mucho orgullo en declarar que uno siempre está pensando, con lo que queremos decir que siempre estamos tras la pelota, que somos industriosos y estamos encima de todo. Estos hábitos culturales, así como otros, nos predisponen a cierta forma de comportamiento. Lo primero que uno tiene que reconocer es que no es necesario ser así. De hecho es al revés. Al aquietar nuestra charla mental, uno tiene más poder personal.

La mayor parte de la gente está inconsciente o no comprende que esta charla incesante es una de las fuerzas que más atacan nuestra salud en general. Ya sea físico, emocional o espiritual, es un hábito que drena nuestra energía, nuestra fuerza vital. Es importante separar el hecho de que hay una energía física que obtenemos de nuestros alimentos y nutrición y también hay una fuerza de vida, que sustenta nuestra alma, nuestro cuerpo de forma que nos hace totalmente conscientes.

Una charla mental es como una batería que gotea, o un grifo que gotea, por ejemplo que gotea desde la mañana a la noche todo el día, al final hace rebalsar una bañera hasta inundar el piso. Así, sigue diariamente, veinticuatro horas por día y desafortunadamente, muy a menudo, la mayor parte de la gente queda presa de pensamientos negativos y preocupaciones innecesarias que drenan su vitalidad y creatividad, desperdiciando energía que es necesaria para el servicio del cuerpo físico y emocional.

La segunda cosa es que la gente está presa en un dilema porque aún cuando ellos comprendan que necesitan aquietar esa charla mental, a menudo no tienen la energía necesaria para hacer algo al respecto. Lo que quiero decir es que requiere energía evitar que la mente cerebral actúe como un tren que se va. Desafortunadamente la mayor parte de la gente está ya atrapada. Tienen tantas preocupaciones y están tan abrumados mental y emocionalmente que no pueden hacer nada efectivo, no importa cuantos intentos y procesos hayan empezado para evitar este alocado escape de los pensamientos.
Así que noten cuanta energía requiere ser una linda persona, ser más civilizados. Por ejemplo, al fin del día uno está un poco chiflado. ¿Por qué? Porque están cansados, su energía ha sido dilapidada. Hace falta energía para mantener un sentido de equilibrio y una actitud más caritativa hacia otros.

Entonces ¿cómo afrontar este dilema? Tenemos un tren mental que se escapa llevándose nuestra vitalidad y fuerza vital, la misma fuerza de vida que necesitamos para contener y restringir este diálogo interno que se nos escapa. Hay un par de cosas que uno puede hacer para mejorar la situación. Primero, hay una cantidad de técnicas de meditación que son enseñadas por varias autoridades, que son muy útiles y de ayuda en términos de ayudar a aquietar la charla mental. Tengan en cuenta, sin embargo, que muchos procesos meditativos, de hecho, los ayudan a volver a su pensamiento racional. Así que cuando ustedes vean un procedimiento que tenga mucho involucrado o sea demasiado complicado, sepan que no será de mucha ayuda porque lo enganchará con más pensamientos. La frase clave aquí es “no pensar“. Así cualquier proceso tiene que ser simple y directo, requiriendo instrucciones y técnicas mínimas. Hay ciertos procesos meditativos que supuestamente los conducen a ustedes a un espacio externo y a otros sitios. No intentamos juzgar sus méritos aquí. Pero si ustedes están hablando de algo que aquiete esta charla mental para ser más efectivos en el manejo de su salud y creatividad, entonces hay una sugestión muy simple.

Primero, encuentre un lugar relativamente tranquilo y siéntese o acuéstese cómodamente. Es preferible no cerrar completamente los ojos porque hay una tendencia a caer dormido. Es importante por supuesto que haya un entorno relativamente cómodo, y entonces quédese quieto. La mayor parte de la gente encuentra, por supuesto, tan pronto como hace eso, que su cerebro está lleno de pensamientos. El truco aquí es tratar de no interferir. No los fuercen, dejen que cualquier cosa aflore, que surja. El truco es no aferrarse a ningún tren de pensamiento. Por ejemplo, el equivalente físico sería estar en una calle mientras taxis, autos y ómnibus pasan haciéndoles señales para que suban, sin embargo ustedes simplemente los dejan pasar y los ignoran. Así que cualquier tipo de pensamiento o experiencia que aparezca, ustedes la dejan ir. Un cerebro que se escapa es como una olla de agua hirviente con burbujas de pensamientos flotando. Por supuesto, con el agua hirviendo ustedes bajan la temperatura, el fuego. Con el cerebro, lo que ustedes hacen es ignorarlo. Algunos, al comienzo, encontrarán que más pensamientos vienen. No se descorazonen. Realmente trabajen con ello y traten no reconcentrarse en orden de estar ejerciendo el control.

Para ejercer el control, primero tienen que abandonar el control. Así que simplemente practiquen y practiquen y un día súbitamente ocurrirá, sólo eso. Para la mayor parte de la gente no es algo que se aumente. Uno practica y aparentemente nada pasa. Con perseverancia, sin embargo, un día simplemente se detendrá. Recuerde que no es como un proceso de construcción. Por ejemplo, si usted está fortaleciendo sus músculos o haciendo ejercicio para bajar de peso, verán cada día, cada semana, algún cambio que se va agregando, está más pequeño o más fuerte, lo que sea que ese proceso involucra. Este es un reino distinto, y se trata de atravesarlo. Es una capacidad inherente que ustedes traían cuando eran niños. La perdieron cuando comenzaron a ser programados. Así que es realmente un proceso de desmantelar más que de construir. Ustedes continúen y en algún punto las burbujas de pensamientos comenzarán a aplacarse y la quietud vendrá.

No se preocupen de que vayan a perder su mente. Esto puede sonar un poco ridículo pero me han hecho esta pregunta personas que se preocupaban de que una vez que parasen la charla mental pudieran perder sus mentes. Permítanme asegurarles que yo mismo he estado quieto por muchas décadas. Desde que tuve 19 años he logrado un monto considerable de quietud en términos de funciones de mi cerebro y ello me ha capacitado para recordar un conoc-miento energético total en forma de disciplina.